La sumisión de tu voz, reclama mi desenfreno.
Muchos silencios... Tan llenos,
Muchas estrofas... Vacías.
Y tú, al extremo del alma mía.
Tienes olfato de perro,
Espalda de caballo,
Y manos de ensueño.
Perfecto, ¿a qué hora es el encuentro?
