A un extremo del río estás tú diciéndome que tu boca quiere brillar.
Al otro extremo del río estoy yo, queriéndote dar todo lo que tú boca pida.
A los extremos del río, estamos tú y yo... Qué nos impide cruzar?
Nos divide una corriente que surge y desaparece.
Nos da miedo que nos trague en su inmensidad?
O tal vez nos da miedo que no nos podamos tocar?
