Tenía toda mi vida sin sentirme como me sentí hoy.
Fue una sutil danza de neuronas alborotadas. Sí, tal vez estén pensando que la palabra "sutil" y "alborotadas" hacen que pierda el sentido la oración, pero la realidad fue así, un sin-sentido cómodo y comprensible. No da abasto la palabra, habría que experimentarlo.
Al llegar a casa, pude notar cómo iban a mil por hora mis pensamientos, no pedían permiso, solo tumbaban puerta tras puerta. Me encantó. Y a la vez una calma inexpresada, pero bien definida corría como pura energía.
