Una llamada interrumpe mi noche, entre una multitud de personas dentro de un sótano, con música a todo volumen, risas, habladurías, humo, polvo de estrellas y muchas cosas más... estaba yo, cuando el mensaje llegó. No necesite más que abrir mi cartera, cambiar la pila de mi celular, llamar un taxi e irme de aquel lugar que no le llagaba ni a los talones comparado con el lugar donde estabas Tú. Tú responsable de mis primeros escritos, de mis primeras palabras, de mis primeros instintos. Tú, que llegaste y me abrazaste como si hubiese sido ayer nuestra última llamada telefónica. Tú que osas decirme y preguntarme si me siento bien, en vez de interpretar la sonrisa que había en mi rostro aquella noche. Entre miradas tímidas y sedientas el uno por el otro, entre abrazos improvisados pero perfectamente acoplados, estábamos tú y yo, era increíble. Ningún reloj se atrevía a advertirnos de la hora, porque sabía que se la íbamos hacer pagar, eramos nosotros, eramos tú y yo.
Debí quedarme más tiempo contigo o si lo veo desde otra perspectiva puede ser que ese fue el tiempo que el mundo nos planeó, que nos planeó a los dos, para los dos...
Regresa a mí. Que yo no me he ido de ti... Te espero, como espera la musa a su amo.
Te espero, y el día que llegues de nuevo no te dejaré ir.